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COVID-19: Padre a padre

¡Consejos de padres como tú!
Lectura de 12 minutos

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No puedo dar más del 100 %

“J” y “B” son madres que trabajan y que tomaron dos decisiones meditadas sobre si mantener a sus hijos en casa o volver a llevarlos a la guardería.

La historia de J

Siempre me han conocido por ser una persona sobresaliente, perfeccionista, por nunca dar menos del 100 % en todo lo que hago.

Ser madre soltera es un trabajo a tiempo completo. Antes de la pandemia, sentía que tenía el control de lo que hacía. El tiempo y espacio dedicados al trabajo estaban separados de mi vida personal, lo que me permitía compartimentar. De repente, en marzo, y como muchos otros padres de todo el país, me vi en la necesidad de trabajar desde casa a tiempo completo con una hija de 5 años que no podía seguir yendo a la escuela cuando esta cerró. Mis dos mundos chocaron, y yo quedé inestable, aferrándome al poco control que podía retener.

En abril, sentía que estaba perdiendo la cabeza. No lograba enfocarme en lo que debía hacer y estaba irritable. Mi rendimiento no era el mejor en ninguno de mis dos “trabajos”. Cuando las guarderías reabrieron para los hijos de los trabajadores esenciales, perdí muchas horas de sueño analizando las ventajas y las desventajas de mandar a mi hija nuevamente a un ambiente concurrido. Si se quedaba en casa, se reducían las posibilidades de contagio, pero la privaba de una atención de calidad y de la oportunidad de desarrollar habilidades sociales al interactuar con otros niños. Concluí que nuestra salud mental era tan importante como la física y tomé la difícil decisión de mandarla a la guardería.

Tras tomar esta decisión, pudimos recuperar algo de nuestra codiciada normalidad. La relación con mi hija mejoró porque, por las tardes, pude volver a brindarle toda mi atención. Algunas personas intentaron hacerme sentir culpable, pero yo confiaba en que mi decisión era la correcta para nosotras. Esa confianza se trasladó a elegir la educación presencial una vez que las clases se reanudaron.

No importa cuánto quisiera reunir la fuerza sobrehumana necesaria para administrar adecuadamente el trabajo y el hogar al mismo tiempo, entendí que no puedo dar más del 100 %. Este aprendizaje fue aleccionador y liberador a la vez. Aprendí a darme la consideración que tan libremente les daba a los demás. Y aunque una pandemia es la forma difícil de aprender esta lección, estoy realmente agradecida por ello.

La historia de B

Octubre marcó el comienzo de la 29.a semana de nuestra experiencia de crianza en medio de una pandemia, en la que mi esposo y yo, como muchos otros padres, hacemos malabares con trabajos de tiempo completo mientras cuidamos a nuestro hijo que acaba de cumplir cinco años. Déjenme decirles que el malabarismo es real.

Nuestro primer desafío fue establecer una rutina; algo que suena tan fácil, pero que, entre marzo y abril, fue todo lo contrario. De la noche a la mañana, las demandas de nuestros trabajos aumentaron, y sentimos como si nuestro mundo estuviera patas para arriba. Aunque logramos establecer una rutina que, en su mayor parte, funciona, hemos tenido que enfrentar lo que consideramos un desafío aún más difícil: ¿cómo tomamos la decisión de enviar a nuestro hijo nuevamente a la guardería cuando nosotros todavía trabajamos de forma remota y practicamos el distanciamiento social? Esta es la pregunta con la que hemos estado luchando durante 25 semanas, a la que todavía no le hemos encontrado la “mejor respuesta”.

Si mantenemos a nuestro hijo en casa, se perderá la oportunidad de practicar habilidades sociales, jugar con sus amigos y, dado que es asmático, lo protegeremos de una exposición innecesaria, PERO podremos seguir viendo a nuestros familiares y amigos que practican el distanciamiento social sin preocupaciones, ya que nuestra familia seguirá haciéndolo.

Si lo enviamos a la escuela, podrá seguir aprendiendo, practicando habilidades sociales que son importantes para su desarrollo y recuperar una rutina constante y normal, PERO no podremos ver a nuestros familiares y amigos sin preocupaciones si nuestro hijo ha estado expuesto al COVID-19. Deben tomar la decisión que sea mejor para su familia y con la que se sientan cómodos, independientemente de lo que hagan otras familias o de cómo se sientan acerca de la difícil decisión que hayan tomado.

Durante estos tiempos inéditos, no hay respuestas correctas o incorrectas para esta difícil pregunta. Algunos amigos han decidido enviar a sus hijos a la guardería; nosotros hemos tomado la decisión de mantener a nuestro hijo en casa.

Está bien no tener todo bajo control todo el tiempo

"K" es una madre tratando de balancear la crianza de su hija, trabajar a tiempo completo y educar a su pequeña que cursa el kínder mientras su segundo bebé está en camino, todo esto durante el brote del coronavirus.

La historia de K

Estamos en el día 34 de quedarnos en casa. En caso de que quieras llevar la cuenta, eso son cuatro semanas y seis días. O 2,937,600 segundos de vivir y trabajar en casa con mi familia… sin descansos. Somos afortunados – tanto mi esposo como yo mantenemos nuestros empleos, pero eso también significa que ambos estamos tratando de trabajar a tiempo completo como si nada hubiese cambiando en nuestro mundo, mientras criamos a una pequeña de cinco años y medio cuya escuela también está operando virtualmente todos los días (¡y también con fecha de parto para nuestro nene #2 en pocas semanas!) ¿Mencioné que la nene #1 está atravesando una etapa de crecimiento en la que experimenta emociones fuertes… y que no ha jugado en persona con otro niño desde que todo esto comenzó?

No voy a mentir, tratar de trabajar a tiempo completo, ser responsable de la educación de una alumna de kínder, mantener un hogar (porque las comidas no se preparan solas mágicamente y ¡¿de dónde salen toda esta vajilla?!) y mantener el estrés bajo control mientras estoy embarazada, requiere más horas de las que existen en un día.

Diariamente recibo o encuentro otro correo electrónico o publicación en las redes sociales que me proporciona recursos y enlaces a páginas increíbles para ayudar a crear el mejor horario para nuestra familia o las formas más recientes de asegurarme de que mi hija no se quede atrás en su desarrollo. Pero lo que pocos de esos recursos reconocen es que esto no es trabajar de manera remota como sería en la vida normal, o que esto no es realmente educación en casa en cualquier definición de este tipo de enseñanza. Esto es puramente tratar de seguir el ritmo del trabajo durante una pandemia global. Esto es educar durante una crisis global.

Tengo la suerte de que mi trabajo requiere entender el desarrollo infantil y la respuesta de la salud pública. De manera que sé que, cuando sobrepasemos toda la crisis del COVID-19, estaremos bien. Está bien que Netflix me esté ayudando a balancearlo todo y mantener a nuestra nena contenta mientras estoy en la enésima llamada de trabajo. Está bien que no tengamos un calendario codificado por colores que esté a la altura de ser publicado en Pinterest; mi esposo y mi hija sobrevivirán. Mi enfoque está en la conexión social-emocional que realmente se necesita ahora: ¿Estamos pasando tiempo significativo juntos, como familia, cuando podemos? ¿Cómo estamos nosotros, como adultos, sobrellevando el estrés y creando un espacio que haga que nuestra nena sepa que es amada, que está a salvo y se sienta segura? ¿Estamos cuidando de nosotros de manera que no se vuelva abrumador?

Estos no son momentos para sentir que hay que compararse con los vecinos o caer en el viaje de culpa y remordimiento de madre, porque no estamos diseñados para ser maestros de educación en casa como si todo lo demás fuera poco – este es el momento para enfocarte en lo que importa, descifrar qué es lo que necesitas para atravesar esto. Cuando la gente te diga que esta es la “nueva normalidad”, está bien decirte que son tonterías y recordarte que esto es vivir en una crisis de salud global que la historia moderna jamás ha conocido. Esto no es normal. Y está bien no tener todo bajo control todo el tiempo. Perdónate a ti mismo, encuentra tiempo para ti, contacta a otros para buscar apoyo y ten presente que, así como con todo, esta crisis terminará.

Have a designated area for daytime learning.

La crianza compartida es difícil, más aún en medio de una pandemia

“M” es madrastra y futura mamá, y se basa en su propia historia para navegar por aguas nuevas e inexploradas.

La historia de M

La crianza compartida durante tiempos normales es algo difícil. Tener que trabajar con los integrantes de otro hogar con diferentes reglas, filosofías de crianza e ideas sobre la infancia nunca es sencillo. Esto junto con el dolor emocional duradero que puede derivar de la ruptura de una relación romántica, incluso varios años después de ocurrida y trabajar juntos para criar a un hijo puede parecer una misión casi imposible. Crecí con padres divorciados y fui testigo una situación similar cuando mi hermano mayor atravesó un proceso de divorcio y un nuevo matrimonio.

Cuando me casé con mi esposo y me uní a él en la crianza/crianza compartida de mi hijastra “Alice”, que, en ese entonces, tenía 7 años, sabía en lo que me estaba metiendo. Estaba al tanto de que la crianza compartida podía ser una tarea difícil y de que ser madrastra suponía tener un poder de decisión limitado en toda cuestión relacionada con la crianza. Lo que no anticipé es que, cuatro años después, una pandemia exigiría una reorganización completa de la relación de crianza compartida que habíamos desarrollado con la mamá y el padrastro de mi hijastra.

Antes de la pandemia, seguíamos la orden de custodia estándar de Texas casi al pie de la letra. “Alice” tenía 11 años y ya podíamos escuchar sus solicitudes y modificar ligeramente los términos de la orden en beneficio de ambas familias. Aun así, nuestra relación con la mamá y el padrastro de “Alice”, en ocasiones, era tensa. Utilizábamos las actividades escolares y extracurriculares como espacios neutrales para recoger y dejar a “Alice”, incluso cuando solo se trataba de hacer entregas especiales en la escuela de bolsas de gimnasia o anteojos olvidados. Las discusiones sobre la escuela, las actividades extracurriculares y la disciplina eran factores estresantes frecuentes y, a menudo, conducían a discusiones significativas.

Cuando se desató la pandemia, perdimos esos espacios neutrales y nos vimos en la necesidad de analizar detalladamente la orden de custodia estándar para ambas familias. Sumado a ese estrés, corría el segundo trimestre de mi embarazo de alto riesgo y con diabetes gestacional, lo que me hacía especialmente vulnerable a la infección por Covid-19. Estaba claro que el constante ir y venir que disponía la orden de custodia estándar no iba a funcionar para ninguna de las dos familias.

Estos son algunos de los arduos problemas con los que hemos tenido que lidiar debido a la pandemia:

Custodia

Durante las primeras semanas de la pandemia, estuvimos en constante comunicación con la mamá de “Alice”. Anteriormente, habíamos llegado a la conclusión de que los mensajes de texto eran la forma más fácil de comunicación; nos permitía estar más tranquilos y pensar cuidadosamente el contenido del mensaje antes de enviarlo a la otra parte y, por eso, continuamos comunicándonos de esa manera.

Al comienzo de la pandemia, “Alice” estaba pasando las vacaciones de primavera con su abuela en una comunidad más rural de Texas. Dado que el distanciamiento social sería más fácil de practicar en ese entorno y, al mismo tiempo, ella podría estar al aire libre y jugar, ambas familias acordaron que quedarse allí durante algunas semanas sería la mejor opción. Una vez que regresó, arreglamos que se quedaría una semana o dos con cada familia. En caso de que ella o un integrante de la familia comenzaran a sentirse mal, “Alice” se quedaría allí hasta tener más información.

Educación

La educación a distancia fue también un verdadero desafío para las familias. A menudo, los maestros solo se comunican con uno de los padres y no con el otro para informar sobre el progreso del alumno. Al principio, la confusión sobre las tareas y las plataformas digitales llevó a desacuerdos sobre en qué debíamos enfocarnos y la importancia de las diferentes tareas. Además, debido a los trabajos de tiempo completo, las familias tenían distintas posibilidades a la hora apoyar a “Alice” en su aprendizaje.

Afortunadamente, criar a una niña de la edad de “Alice” nos ayudó a brindarle seguridad para que tomara la iniciativa con sus tareas escolares; dejamos que ella decidiera decirnos cuándo necesitaba apoyo para completar trabajos desafiantes o intimidantes. También aprendimos a superar los resentimientos que surgían cuando no se hacían las tareas en su otra casa, y solo nos enfocamos en ayudarla a ponerse al día cuando estaba con nosotros.

Disciplina

Los desacuerdos existentes sobre el modo de disciplinar en cada hogar se vieron magnificados por la pandemia. “Alice” pasa mucho más tiempo en casa con sus padres y padrastros, y cada uno de nosotros tiene su propia visión respecto de lo que se considera una disciplina apropiada y un conocimiento diferente del desarrollo infantil. Para facilitarnos la tarea y sobrellevar la situación, encontramos un teléfono antiguo para que “Alice” envíe mensajes o llame por video con nosotros a través de wifi para que estemos al tanto de los acontecimientos diarios. Lo mismo hace con su mamá cuando está con nosotros.

Reapertura

Ahora que todo está reabriendo, tenemos nuevos desafíos por delante. Por el momento, ambas familias hemos acordado seguir practicando el distanciamiento social y usando tapabocas en espacios públicos, al menos hasta que yo ya no pertenezca a un grupo de riesgo. Quedarse en casa cuando otros niños del vecindario juegan juntos es un desafío para “Alice”, pero le permitimos jugar con sus primos que están siguiendo las mismas recomendaciones para mantenerse a salvo y recibir a la nueva integrante de nuestra familia.

El futuro

“Alice” volverá a la escuela secundaria en el otoño, y aún no sabemos cómo será el regreso ni qué características tendrá el trabajo de tiempo completo de cada familia. Es probable que siga existiendo flexibilidad hasta que haya una vacuna disponible, y continuaremos trabajando juntos lo mejor que podamos para mantenernos todos sanos y salvos.

Lidiar con el COVID-19 nos ha motivado a trabajar más juntos para proteger a “Alice” y a sus dos familias. Estamos lejos de ser los compañeros perfectos de crianza, pero haber mantenido el enfoque en lograr que “Alice” supere este obstáculo mientras protege su salud física, mental y emocional ha colaborado para que ambas familias trabajen mejor juntas. Sin embargo, cada relación de crianza compartida es diferente y, si ninguno de los padres puede ser flexible o si uno de los padres es un trabajador esencial, lo que funcione en su caso sea probablemente muy diferente.

El mejor consejo que puedo ofrecer es encontrar el medio de comunicación que funcione mejor en cada caso, mantener abiertas esas líneas de comunicación, hacer todo lo posible para mantener el enfoque en el bienestar de su hijo y tratar de ser lo más flexible posible. Ya están transitando el arduo trabajo que representa la crianza compartida, este es solo un desafío más que resolver.

Make sure your kids get plenty of breaks.

Agradecido por el tiempo extra

“H” es padre de preadolescentes y adolescentes, y “E”, de un niño pequeño. Ambos están a cargo de la crianza de sus hijos en medio de una pandemia y agradecen la posibilidad de estar más cerca de ellos.

La historia de H

Para un padre que no tiene la custodia de sus hijos, ser padre y tener un trabajo de tiempo completo ya trae aparejado un conjunto único de desafíos. Ser padre y tener un trabajo de tiempo completo durante una pandemia es aún más complicado. En este momento, mis hijos están conmigo “durante el verano”. En circunstancias normales, sería fácil planificar una actividad al aire libre con ellos después de las horas laborales como forma de salir en familia y de agradecerles por su paciencia conmigo y con mi trabajo.

La pandemia de COVID-19 ha sumado un nuevo reto, ya que tenemos que pensar mucho sobre lo que podemos hacer y adónde podemos ir mientras aprendemos a mantenernos a salvo.

Ha sido un desafío tratar de equilibrar el trabajo y la vida, y cuidar su salud mental y emocional a pesar de suspender sus actividades tradicionales de verano. Créanme; ¡están mirando el reloj para asegurarse de que haya terminado cuando llega el momento! Ser padre durante esta pandemia nos ha permitido estar más unidos como familia, jugar más y hacer más actividades que amamos.

La historia de E

La crianza de los hijos durante la necesidad de quedarse en casa por la pandemia del COVID-19 ha sido una de las experiencias más agotadoras y gratificantes como padre. Con mi hija de 2 años en casa después de que cerrara su guardería debido al COVID, satisfacer sus necesidades mientras trabajaba a distancia ha sido un desafío diario extenuante.

Con todas las horas de sueño perdidas, también llegaron innumerables horas adicionales de interactuar y jugar con mi hija, y de verla crecer y desarrollarse. Si bien nuestras circunstancias actuales, obviamente, distan de ser ideales o deseadas, estoy agradecido por el tiempo adicional en el que he podido conectarme con mi hija y apreciarla.

Si bien es posible que muchos recuerden la pandemia principalmente por los desafíos y las dificultades que causó, yo también la recordaré como la época en la que tuvimos mucho tiempo extra de padre e hija y para verla crecer todos los días ante mis ojos.

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Este artículo fue escrito por padres como usted y publicado por el personal de BuenosConsejosParaPadres.com.

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